Esta reseña sí que lleva pendiente bastante tiempo...

«En realidad, para ver algo mucho más feo que una nave vogona, habría que entrar en una y mirar a un vogón. No obstante, eso es precisamente lo que evitaría cualquier ser prudente, porque el vogón común no lo pensará dos veces para hacerle a uno algo tan increíblemente horrible, que se desearía no haber nacido; o, si se es un pensador más clarividente, que el vogón no hubiera nacido»

Desde que me leí la Guía del autoestopista galáctico he estado pensando seriamente en completar la serie. Hay quien dice que ha envejecido fatal, y puede que sea cierto, pero a mí personalmente a día de hoy me hace bastante gracia. Es lo que tiene el humor británico, supongo.

El restaurante del fin del mundo se puede leer sin haber leído antes la Guía (ya que todo lo necesario sobre antecedentes se explica en él), si bien es cierto que comienza justo donde ésta acaba. Y empieza con una revelación: por qué fue destruida la Tierra tan sólo 5 minutos antes de completar su, bueno, su misión. Y es que la Tierra en realidad no era un planeta, sino un supercomputador cuyo objetivo era encontrar la pregunta definitiva para la cual la respuesta definitiva asumiendo que la pregunta realizada era saber todo sobre la vida, el universo y todo lo demás era 42. Vaya lío, ¿eh?

Pues resulta que una asociación de psicólogos, filósofos y pensadores varios encargaron a los vogones demoler la Tierra por una sencilla razón: si se conocieran la respuesta definitiva y la pregunta definitiva, ellos se quedarían en el paro. El problema es que hay dos supervivientes, que son nada más y nada menos que Arthur y Trillian, y ellos son parte también del programa que seguía la Tierra para obtener la respuesta; por tanto, a partir de ellos se podría recuperar la investigación y obtener una respuesta. Así que la tarea de destruir a ambos supervivientes se encarga al mismo vogón que destruyó la Tierra.

Arthur y Trillian huyen del vogón en la nave Corazón de oro junto con Zaphod, Marvin y Ford; sin embargo, éste no parece querer darse por vencido. Y lo tiene fácil, porque ahora la nave no se mueve: por desgracia, Arthur intentó convencer poco antes de la persecución a la computadora de a bordo para que sintetizara té auténtico de la Tierra en la máquina de tés, y la tarea es tan compleja que la computadora está consumiendo todos sus recursos en la tarea. Así que a Zaphod se le ocurre en ese mismo instante abrir una sesión espiritista para pedirle consejo a su bisabuelo. Y éste los salva, sí; pero no sin antes recordarle a Zaphod esa misión que él no puede recordar y por la cual se hizo Presidente de la Galaxia y robó el Corazón de Oro. Ese plan consiste en llegar hasta la auténtica persona que rige el Universo.

Y ese plan, tras muchas vicisitudes, les llevará hasta Milliways, conocido popularmente como El restaurante del fin del mundo; un lugar construido en una burbuja a salvo del tiempo y justo en los últimos momentos de vida del propio universo. Así, los clientes pueden contemplar cuantas veces deseen la destrucción de éste una y otra vez. Pero a partir de ahí la historia se complica, ya que tras robar una nave en el aparcamiento del restaurante y descubrir que ésta es una nave con piloto automático cuyo único objetivo es servir de espectáculo en un concierto (en particular, el espectáculo consiste en estrellar la nave contra la estrella que hace de sol en el planeta del concierto), se ven obligados a teletransportarse a toda prisa, y sin Marvin. Y por un lado Zaphod y Trillian acaban juntos buscando al auténtico gobernante del universo, mientras que Arthur y Ford acaban en el pasado, e incidentalmente descubren parte de la respuesta que todo el mundo está buscando y por la que han puesto precio a la cabeza tanto de Trillian como de Arthur...

La novela es tan absurda, cómica e irónica como la primera entrega, aunque en ésta se hace leña del árbol caído de la política y de la vida supuestamente inteligente. La crítica que se hace a la figura de Presidente (una figura que está ahí para hacer de cabeza visible, cuando en realidad son otros los que gobiernan) hace bastante sangre, y esa sí que se ha conservado genial en el tiempo, porque no hemos cambiado nada. De hecho, creo que hemos empeorado. Y el tema de los lobbies también recibe su ración de ironía y sarcasmo. En definitiva: me ha gustado.